martes, 21 de mayo de 2013

Convivencia del "orden" y el "desorden"




Si se coloca un grano de polen en un recipiente con un líquido a temperatura constante y se la observa con un microscopio, puede verse que no está en reposo, sino que salta y que se desplaza en forma continua, como dando pasos en un zigzag con direcciones aleatorias. El camino que recorre puede describirse mediante una curva poligonal, que tiene poco de “suave”. Este fenómeno se conoce con el nombre de “movimiento browniano” ya que fue descubierto por el botánico escocés Robert Brown.

Las moléculas de líquido, están en movimiento permanente, siempre que el conjunto se encuentre por encima de los 273º C bajo cero, y colisionan contra la partícula de polen millones y millones de veces por segundo desde todas las direcciones, provocando el movimiento browniano. Si se hace zoom sobre cada lado de la poligonal, se observa que no es una recta sino una nueva poligonal  quebrada, y así sucesivamente.
Cualquier decisión empresaria genera un movimiento browniano en el sector industrial. No lo vemos y no lo estudiamos porque no tenemos tiempo de hacer zoom. Cuando una empresa lanza un nuevo producto, o cambia un precio o una condición de venta, o cambia su relación de endeudamiento respecto a su patrimonio, comienza a recibir colisiones de sus competidores y de sus stakeholders, y de los stakeholders de sus competidores, todo el mercado se conmociona a nivel microscópico en una suerte de movimiento browniano que puede ser descripto por una curva “cuasi-suave” de trayectoria poligonal. Pero existen otros fenómenos  en los que se manifiesta un tipo de curva de mayor complejidad.

En los compuestos ferromagnéticos, que son aleaciones de hierro, cada molécula se comporta como un pequeño imán, y todas tienden a alinearse, es decir, a “ordenarse”, y este orden supera el desorden propio de la agitación browniana. Pero si se calienta el material (es decir, se introduce energía externa al sistema) aumenta la agitación molecular, y aún antes de llegar a la fusión del material se alcanza un punto crítico, denominado punto de Curie (en el hierro esto ocurre a los 770º C), a partir del cual predomina
la agitación térmica, la magnetización desaparece, y las moléculas se mueven en forma independiente y desordenada. El punto de Curie por lo tanto, marca el cambio de un estado magnético a otro no magnético. Es la frontera entre el orden y el caos. En esa región de la transición coexisten orden y desorden. Desde mi punto de vista, el descubrimiento de una región del espacio en la que existe una transición entre orden y desorden, es el concepto filosófico más revolucionario de la ciencia en el siglo XX. Además, el aporte
de la geometría fractal para describir esta zona se convierte en la herramienta matemática más poderosa de los últimos treinta años.

En efecto, al analizar microscópicamente el borde térmico del hierro en el punto de Curie se observa que no se presenta suave sino todo lo contrario: van apareciendo filigranas interminables una dentro de otra, como muñecas rusas, dando lugar al concepto de autosemejanza

No hay comentarios:

Publicar un comentario