sábado, 1 de junio de 2013

Las Universidades y los MBAs



Desde la mano invisible de ADAM SMITH hasta el descubrimiento y la publicación del genoma humano por parte de JOHN SULSTON pasaron unos 250 años. Ambos modelos se refieren a una suerte de “orden espontáneo” explicado magistralmente por Friedrich von Hayek en el siglo XX.

La geometría fractal aporta a principios del siglo XXI una nueva corriente de pensamiento filosófico y científico, que constituye poco a poco el inconciente colectivo de investigadores y tecnólogos. La ciencia del management, que empezó a desarrollarse en la segunda mitad del siglo XX, viene haciendo desde mi punto de vista, un excesivo énfasis en las cualidades “artísticas” y en la “experiencia” de managers y empresarios para manejar las cuestiones estratégicas y tácticas de las compañías. Sin negar, por supuesto, el gran aporte que hacen estas cualidades para que las empresas sean viables, competitivas y rentables, creo que la ciencia del management se encuentra todavía en el período Jurásico. Si la medicina, o la electrónica, se hubieran basado en las cualidades artísticas, o en la experiencia de sus operadores, probablemente hoy seguiríamos curando el dolor de muelas con una rana en la boca y escuchando música con fonógrafo.

No pretendo que el gran avance de la ciencia del management gire en torno al algoritmo de Mandelbrot. Antes bien, quisiera subir a la ciencia del management a la corriente científica de la dinámica no lineal o ciencia del caos, y jerarquizarla con aportes científicos que hagan más fácil el trabajo artístico y experimentado de managers y empresarios. Desafortunadamente universidades y escuelas de negocios siguen enseñando programas de MBAs haciendo énfasis en el arte y la experiencia, y cuando recurren a la ciencia del management (¿!) , lo hacen con libros de la posguerra o con trabajos y modelos desarrollados en la curiosa década del 80, prolífica en la implantación de “modas” como la excelencia, el downsizing, la reingeniería y el management japonés.

Una visión matemática de lo que el gran Hayek denominó “orden espontáneo”, eliminaría definitivamente las supercherías y las modas del management y nos pondría a todos a competir a un nivel superior. 

El genoma de los mercados está ahí afuera, operando silenciosamente, con reglas que, por ahora, sólo él conoce.

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