lunes, 26 de agosto de 2013

Las decisiones se basan en el conocimiento imperfecto



Cuando los acontecimientos cuentan con participantes que piensan ya no podemos limitarnos a los hechos, sino que debemos incluir las percepciones de los participantes. El paralelismo con las ciencias sociales induce a error, porque en este último caso, la indeterminación –concepto de Heisenberg en la física cuántica- es causada por los participantes que piensan, y no por los electrones. La analogía solo sería válida si las partículas cuánticas se comportaran como participantes que piensan. Intentar imponer los métodos de las ciencias naturales a los fenómenos sociales es comparable al esfuerzo de los alquimistas cuando trataron de aplicar los métodos de la magia al campo de las ciencias naturales.

Hay un aspecto en el comportamiento humano que presenta características diferentes de las que ostentan los fenómenos naturales: el proceso de toma de decisiones. Las decisiones se basan en un conocimiento imperfecto de la situación. La posición aceptada casi universalmente es que los mercados siempre tienen razón, lo que en otras palabras significa que los precios tienden a anticipar con precisión los futuros desarrollos.

De acuerdo con Soros, los precios son siempre erróneos porque presentan una visión tendenciosa del futuro. Pero lo más importante de esto es que la distorsión opera en ambos sentidos: no sólo los participantes operan con determinadas inclinaciones sino que además, estas pueden influir en el curso de los acontecimientos. Las percepciones de los participantes son intrínsecamente defectuosas, y existe una conexión de doble carril entre esas percepciones y el curso real de los acontecimientos, cuyo resultado es una falta de correspondencia entre ambos.



Como se observa, las dos funciones recursivas no producen un equilibrio sino un proceso de cambio que nunca termina. 


Sin embargo resulta fascinante comparar este proceso recursivo con la propuesta de Mandelbrot y su famoso algoritmo.


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